martes, 21 de abril de 2009

Sociedad (Moni)


Luhmann parte de un ejemplo: Dos caja negras, a causa de quién sabe qué casualidad, entablan relación una con otra; cada una determina su propia conducta por medio de operaciones autoreferenciales complejas dentro de sus propios límites. Cada una presupone lo mismo respecto de la otra. Por medio de una simple suposición generan certeza de realidad. Permanecen separadas, no se funden, no se comprenden mejor que antes; se concentran en lo que pueden observar en el otro como sistema en un entorno y aprehenden en cada caso su forma autoreferencial desde su propia perspectiva de observador. Pueden tratar de influir en lo que observan por medio de su propia acción; y nuevamente pueden aprender del feedback. De este modo se puede generar un orden emergente condicionado por complejidad de los sistemas que lo hacen posible, lo cual no depende de si esta complejidad se pueda calcular y controlar. A este orden emergente lo llama sistema social.

 

La sociedad manifiesta una consistencia propia (si bien dinámica y evolutiva), una regulación autoreferente que da pie a que cada individuo experimente en grados de profundidad (o de decepción) y en direcciones diversas. Lo social nunca ha sido (y probablemente nunca será) el espacio de la realización absoluta de las posibilidades más humanas del hombre, pues lo social y lo humano permanecen autónomos. La sociedad aparece como sistema y el ser humano como entorno de ese sistema.

 

El ser humano es entorno del sistema: produce ruido, inquieta, desestabiliza el sistema; pero éste puede sólo reconstruirse en términos de un dinamismo preestablecido mediante procesos de acumulación evolutiva.

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