martes, 21 de abril de 2009

Comunicación

ara algunos la comunicación es un milagro, para Niklas Luhmann es simplemente improbable y ni siquiera está bajo el dominio de la voluntad humana, escapa a la razón y al deseo, es un sistema autónomo inaccesible a la intervención del hombre quien es apenas su expresor no su dueño, el hombre es un instrumento de la comunicación, un simple vehículo más, no el único, a través del cual se manifiesta la condición autopoiética de la sociedad. El protagonismo que la convicción humanista ha concedido al hombre al situarlo en el estatus exclusivo de sujeto, se traslada a la sociedad, que ahora ha dejado de ser la simple suma de individuos para mostrarse como una organización facultada, como todo sistema autopoiético, para crear por sí misma la estructura y los elementos que la componen. La sociedad en la teoría luhmanniana es un organismo autopoiético compuesto por comunicaciones no por individuos.

Habermas, por su lado, encuentra en la comunicación el vehículo que lleva a los seres humanos, organizados socialmente, a lograr el entendimiento. Ve en la acción comunicativa una energía social que impulsa hacia la construcción del consenso, que a su vez conduce, mediante procedimientos de iteración del acuerdo, al progresivo incremento de la racionalidad de las relaciones sociales. La democracia, desde esa perspectiva, se conforma evolutivamente con las acciones comunicantes que los sujetos realizan.

Si Luhmann descubre la condición autopoiética de la comunicación, y se interesa en desarrollar a partir de tal descubrimiento una teoría de la comunicación, es en la medida en que llega a la conclusión de que tal trabajo teorético le es indispensable, junto con su teoría evolutiva y la de sistemas, para edificar como pretende, una gran teoría general de la sociedad.

Habermas, en cambio, arriba al estudio de la comunicación interesándose por su efectividad para transformar lo que el llama el mundo de la vida que está formado de la sociedad, la cultura y las personas. Ambos, cada uno desde su distinto punto de observación, se ven obligados a pensar la comunicación, aunque ninguno de los dos partió de seleccionar esa investigación como propósito originario.

La comparación entre las dos posiciones es inevitable. A menudo se las interpreta como opuestas pero quizá, si lo son, también sean susceptibles de comunicarse mutuamente. El propio Luhmann deja abierta esa opción:

las teorías tienen puntos en común, en la medida en que sus problemas han sido planteados en forma similar... una absoluta incomparabilidad revela siempre falta de fantasía teórica, carencia de capacidad de abstracción... Tal vez por ello, la identidad y la diferencia no deberían acotarse con tanta nitidez -aunque toda teoría tiende a ello-- sino que, por el contrario, deberíamos prepararnos para observar presiones osmóticas capaces de penetrar los bastiones teóricos más firmemente protegidos1

Al amparo de esa convocatoria a la imaginación teórica, sin temor a la ósmosis epistémica, buscaremos por nuestra parte si no una síntesis, al menos un aprovechamiento de ambas posiciones para avanzar en la comprensión de lo que llamamos comunicación.

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